En las tardes


Vienes tú, como eclipse magistral, con tu tranquilidad y tu calma apoyándose en mi nostalgia, despojándome de la alegría que viene y vá, errante en los corazones de mi alma, como pájaro sin cielo, como niño sin hogar, como la dulce dama que espera aprender a amar y yo en mis adentros muero, muero en mi soledad.

Muero con la sola idea de aquel amor que no es mío ni de nadie, sólo de la humanidad entera; aquello que me frustra y me quema en esta fría habitación y en los pálidos cielos de mi pensamiento oigo tu voz y siento cómo, de un momento a otro, queda mi ser inválido, limitado a una vida de insaciable sed, de amargo pesar incurable, con las ideas borrascosas que te cubren y me consumen.

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